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Otra vez hay crisis de bancos de Estados Unidos y Europa

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            Marzo empezó fatal para el sistema bancario estadounidense, que en forma rápida contagió también al europeo. Aún es pronto para medir la profundidad de esa crisis y saber si será igual, peor o mejor que la detonada en septiembre de 2008 con la caída de la Washington Mutual (WaMu) y el banco Lehman Brothers en EE UU, en la llamada crisis de las hipotecas subprime.

            El viernes 10 de marzo cayó el Silicon Valley Bank, una entidad mediana con sede en California, supuestamente blindada y floreciente por los negocios, depósitos y préstamos a las empresas tecnológicas de esa región. Tenía activos por 200.000 millones de dólares y ocupaba el puesto número 16 de los bancos estadounidenses. El domingo 12 pasó otro tanto con el Signature Bank de Nueva York y el miércoles 15 fue el turno del Silvergate Bank, muy ligado a las criptomonedas.

            El primero en caer hizo negocios supuestamente “seguros” que se le volvieron en contra por las políticas adoptadas por el Departamento del Tesoro y la Reserva Federal (Fed, que hace las veces de Banco Central), que fueron elevando las tasas de interés. En 2022 eran tasas de cero interés y ahora, para combatir la inflación subida al calor de la guerra imperial de la OTAN en Ucrania, esa suba de precios llegó hasta el 8 por ciento anual. En consecuencia, de acuerdo a las recetas clásicas del capitalismo, había que subir las tasas de interés para que el dinero vaya a negocios especulativos de bonos y depósitos, antes que al consumo. No debía fomentar la demanda de bienes, “la mala inflacionaria” de la película.

            El problema es que el Silicon Valley Bank (SVB) tenía sus mayores inversiones en títulos del Tesoro estadounidense, a plazos largos.  Y aquella suba de las tasas de interés hizo que el negocio de bonos de corto plazo se convirtieran en las estrellas del momento. Entonces los clientes del SVB fueron a retirar sus depósitos para adquirir esos títulos más rendidores. El banco no tenía todo ese dinero disponible y tuvo que malvender activos. Igual no le alcanzó y se descapitalizó porque en un solo día le sacaron 42.000 millones de dólares. Caput. Cerró.

            Inmediatamente el presidente Joe Biden declaró que los clientes de todos esos bancos deben estar seguros de que sus dineros estarán disponibles. Los depósitos de hasta 250.000 dólares serían cubiertos con el fondo de garantía de depósitos. Habrá que ver si cumplen y cuándo lo hacen. Ante la gravedad de la crisis bancaria, las autoridades bancarias, de la Fed y del Tesoro habrían acordado que la garantía de depósitos en aquellas tres primeras entidades fallidas estarían garantizados más allá del límite de los 250.000 dólares. Esa garantía no sería un gran problema social sino de determinadas capas de millonarios y capitalistas, por lo que será un problema político y electoral para el gobierno demócrata y la oposición republicana, que se echan las culpas de lo sucedido. Lo más importante desde el punto de vista marxista es saber qué pasará con los miles de empleados bancarios que serán despedidos, por las quiebras, reestructuraciones, fusiones, etc. Esto agudizará los dramas de los trabajadores en este tiempo de crisis internacional provocada por el imperialismo yanqui y europeo y la citada guerra atlantista en Ucrania contra Rusia.

            Se tiran la pelota. Biden acusa a Donald Trump y su pasada administración de haber relajado y eliminado controles sobre el funcionamiento de bancos menores o intermedios como el SVB. Los republicanos dicen que la culpa es de Biden por elevar las tasas de interés indebidamente. Este principio de incendio recibe más nafta de tipo electoralista y eso que los comicios presidenciales recién serán en noviembre de 2024.

EN EUROPA TAMBIÉN

            El problema bancario no se limita a los tres bancos estadounidenses  mencionados. La agencia Moody’s ubicó a otros seis en dificultades, para bajarles la nota pues los considera en zona de serio riesgo de rentabilidad. Ellos son First Republic Bank, Western Alliance Bancorp, Intrust Financial Corp., UMB Financial Corp., Zions Bancorp y Comerica Inc. Frente a esto la Reserva Federal de Jerome Powell trata de tranquilizar, pero no lo logra porque bancos grandes como Wells Fargo, Bank of America y Citigroup cayeron en sus acciones 4% en un día.

            Para salvar al First Republic Bank un grupo de grandes bancos, encabezados por el Bank of America y el JP Morgan, aportaron 30.000 millones de dólares. Obvio no lo hacen de buenos sino para salvar el negocio de todos.

            Además la crisis de USA se contagió a bancos europeos, donde el que la estuvo pasando peor, con inminente peligro de cierre es el Credit Suisse, el segundo en importancia de Suiza, una tierra de banqueros que no le hizo asco a los negocios incluso durante las dos Guerras Mundiales.

            El Credit Suisse es un peso pesado, a diferencia del SVB. El suizo tiene activos por  550.000 millones de dólares, tres veces más que el californiano. Y lo mismo perdió en una jornada 30 por ciento de su valor luego que su inversor y controlante saudita declarara públicamente que no iba a inyectar más dinero en él. “Absolutamente no”, dijo el vocero del Banco Nacional Saudita. Y precipitó el derrumbe.

            El asunto es tan grave que primero el Banco Central de Suiza anunció un salvataje de 52.000 millones de dólares para salvarlo. Como el desplome continuó, con salida de depósitos y pérdida de valor de mercado, aquella banca central, más los directivos de la Unión de Bancos Suizos (UBS), el mayor banco privado del país, y con el visto bueno del Banco Central Europeo de Christine Lagarde y de la secretaria del Tesoro Janet Yellen, dispusieron que el UBS comprara al Credit Suisse. La operación se cerró con plata del Banco Central Suizo y sólo en menor medida del UBS, a un precio 60 por ciento inferior a la cotización bursátil de las acciones de la entidad caída. A su vez el adquirente dispondrá de 100.000 millones de dólares, puestos por el Central, para “normalizar” el funcionamiento de la quebrada banca que pasó a su control.

            Los argentinos antiimperialistas no nos olvidamos del Credit Suisse. En abril de 2001, siendo ministro de Economía Domingo Cavallo, el entonces titular de ese banco asociado al First Boston, David Mulford, ex secretario del Tesoro, consumó la estafa del “megacanje”. Y la deuda externa argentina aumentó en 53.000 millones de dólares. Eso y otras cosas llevaron directamente al estallido de la crisis en diciembre de aquel año 2001.

¿QUÉ DELITO ES ROBAR UN BANCO?

            La historia de quiebras y vaciamientos de bancos, con numerosos delitos previos, incluso el lavado de activos y dineros del narcotráfico, es algo de nunca acabar. Siempre inventan un “negocio” y al final todo se viene abajo. Antes fueron las hipotecas subprime de Washington Mutual y el Lehman, ahora fueron las empresas tecnológicas y start up del Silicon Valley Bank, y las criptomonedas del Silvergate Bank.

            Lo cierto es que el capitalismo y el imperialismo termina invirtiendo centenares de miles de millones de dólares en el salvataje de los bancos, de sus accionistas en primer lugar y de los tenedores de títulos de primera calidad de esas entidades financieras, y en todo caso, último orejón del tarro, de una parte de sus depositantes. Los pueblos, en cambio, sufren las consecuencias, en muchos sentidos. Por ejemplo, perdiendo sus ahorros o viendo ejecutadas sus hipotecas, o quedándose sin empleo.

            En crisis como la actual, con la Fed elevando las tasas de interés supuestamente para combatir la inflación (no es mera coincidencia que en Argentina hagan otro tanto), eso restringe el crédito, limita el consumo y enfría la producción, o sea fomenta la recesión. Es ya empezó por los sucesos en EE UU y Europa, y también afecta a países dependientes como Argentina. El aumento de las tasas de la Fed atraerá más inversiones de todo el mundo, fondos que esquivarán más a naciones como la nuestra, considerada insegura y en medio de crisis como la actual.

            Todo esto nos ratifica que hay que seguir luchando contra el capitalismo y el imperialismo, los bancos y organismos financieros internacionales, a favor de la liberación nacional y social, y del socialismo con las peculiaridades de cada país.

            Como sentenció el gran dramaturgo marxista alemán Bertolt Brecht, “Qué delito es robar un banco en comparación con fundarlo”.

SERGIO ORTIZ

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