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No es “casta” sino una clase oligarca y proyanqui que nos arruina

            El liberal e ignorante de tantas cosas Javier Milei ha utilizado el término de “casta” para identificar a los supuestos responsables de los dramas argentinos. Además con esa categoría apunta exclusivamente a “los políticos” que han dominado el Estado en estos años de kirchnerismo. Ya de movida está falsificando las cosas.

            “Casta” es un estrato social característico de la India, donde desde el nacimiento hasta el final de sus días una persona nacida en esa categoría seguía allí. Los marxistas leninistas sanmartinianos, que vivimos y luchamos en un país capitalista dependiente, cada vez más semicolonial, en cambio, usamos categorías científicas. Hablamos de clases y capas sociales que no siempre se mantienen idénticas ni inalterables, según las condiciones de la lucha de clases en el país, la región y el mundo.

            Luis Barrionuevo en su juventud puede haber sido un laburante gastronómico, pero hace 40 años es un burócrata sindical atornillado en ese gremio, convertido hace tiempo en una empresa que vive de miles de laburantes. A punto tal que le ha garantizado al candidato Milei más de 160.000 afiliados para que sean sus fiscales y controlantes de sus votos. O sea que Barrionuevo era de una clase en su juventud y es otro desde hace medio siglo. Subió en un sentido, y se hundió en otro. El de hoy no es el de antes, igual que su aliado Milei, que de joven fue arquero de un equipo de segunda división, Chacarita, y frustrado cantante de rock, de cuarta categoría. Y luego de graduarse de economista fue gerente de la AFJP Máxima, del Banco HSBC, y de Aeropuertos Argentina 2000. O sea que Milei era de una capa media y subió al nivel gerencial de monopolios, y ahora puede convertirse en una pieza política de primer nivel para esas corporaciones, incluso aunque no sea presidente en 2023.

            El dueño de AA 2000, Eduardo Eurnekian, fue primero de la burguesía nacional o mediana, pero con el menemismo pegó el salto a primera, cuando entre Menem y Cavallo le dieron la concesión por 30 años de los 35 aeropuertos del país, por apenas 171 millones de pesos. Y otro movimiento de origen burgués nacional, el peronismo, convertido en gran burgués en su conducción de Perón desde los años ‘60, le renovó por diez años más aquella concesión, de modo que el monopolista de origen armenio tendrá ese control de aeropuertos hasta 2038. Y como las cosas no son idénticas ni para siempre, entre Eurnekian y Milei hubo un cortocircuito o ruptura en los últimos meses, que quizás perdure o no, vuelvan a ser no ya presidente del directorio y gerente, como fueron hasta 2021, sino socios, porque entre los pulpos empresarios y los políticos gran burgueses hay mucha afinidad pero también fricciones. Los empresarios suelen poner plata en varias canastas…y luego recuperar con ganancias con el que salga presidente.

            Reiteramos, no es una casta sino que hay clases sociales y capas sociales dentro de éstas o al medio de una y otra. Y el escenario es diferente y peculiar en cada país y en cada época, según los vientos de victorias o derrotas que soplen.

            La falsedad de Milei es identificar la casta con los políticos y más particularmente con el kirchnerismo, como si éste encarnara todos los males. Falso. El poder dominante es económico y financiero, con la oligarquía de inversiones múltiples y el imperialismo. Son Marcos Galperín, Alberto Roemmers, Alejandro Bulgheroni, Eduardo Costantini, Eduardo Eurnekian, Gregorio Pérez Companc, Marcelo Midlin, Paolo Rocca, Eduardo Escasany y sus empresas y bancos. Son BlackRock, Ford, IBM, JP Morgan, FMI.

            Ese poder económico siempre tuvo dictadores militares que los protegieran, como Videla, Viola y Galtieri en la dictadura, y en presidentes de la democracia burguesa, especialmente Menem, De la Rúa y Macri, con sus ministros, especialmente Domingo Cavallo. Y Milei justamente rinde homenaje y pleitesía a Menem, Cavallo y Macri.

            Esto no salva al peronismo, que en tiempos de Menem y Duhalde favorecieron a los monopolios y al imperialismo, con la privatización de las empresas públicas. Por caso dando Somisa al grupo Techint e YPF a Repsol. El kirchnerismo también hizo muchas concesiones a los monopolios, aunque también tuvo contradicciones, como la pelea con Clarín por la ley de medios y la Resolución 125 con los sojeros. En esos años los monopolios también ganaron fortunas, como le dijo la presidenta Cristina de Kirchner a las autoridades de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires en 2012: “ustedes nunca ganaron tanta plata como con nuestros gobiernos”.

            Para solucionar los dramas del pueblo y la Argentina habrá que hacer una revolución nacional, democrática y popular, antimonopolista y antiimperialista. La revolución en países como el nuestro no es socialista desde el inicio sino que tiene un programa de liberación nacional y social. Hay que distinguir entre monopolios y la burguesía nacional y Pymes, chacareros y medianos comerciantes, y procurar atraer a una parte de los mismos y neutralizar a otros, reduciendo la parte que inevitablemente se pasará al bando de nuestros enemigos.

            Eso sí, con los monopolios, banqueros, agroexportadores, la gran minería y latifundistas, así como con sus socios mayores, las multinacionales, con esos no hay acuerdo posible. Con esos y los políticos a su servicio, como hoy son Milei, Bullrich y Massa, hay que luchar mucho, duro y parejo. La línea divisoria es, como dijo el Che en 1962, “con los monopolios o contra los monopolios”.

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