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LA PROPUESTA DE JAVIER MILEI

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Un país más pobre, sin educación y un gobierno fascista

            El crecimiento en las encuestas del diputado por La Libertad Avanza, y sus propuestas estrambóticas, atraen a una parte de la población, inclusivo sectores juveniles.

Por ello, es necesario desenmascarar su verdadera esencia fascista y antipopular.

            Javier Milei obtuvo en las legislativas de 2021 un 17 por ciento de los votos de la Ciudad de Buenos Aires y fue elegido diputado nacional. Tenía un gran apoyo de la corporación mediática que desde hacía años lo llevaba como “economista estrella” a sus programas. Allí se explayaba con expresiones insultantes, racistas, discriminatorias y de una insensibilidad social que hasta sorprendían a esos periodistas, para nada progresistas, como su posición a favor de la libre venta de órganos.

            Se hizo popular puteando contra lo que él llama la “casta” política, de la cual él estaría exceptuado. Aprovechando el descontento generalizado (y justificado) de amplios sectores con la corrupción política y la falta de solución a los problemas cotidianos, utilizó ese “gancho” para crecer incluso entre sectores populares. Los mismos que serían los más perjudicados si el facho “libertario” fuera gobierno.

            La verdad es que Milei pertenece a esa “casta”: es parte del Congreso Nacional, con muy poco trabajo legislativo. No ha presentado ningún proyecto ni participa de ninguna de las comisiones que tiene esa Cámara.

            Esas diatribas contra la dirigencia política forman parte de una imagen que se construyó, con la ayuda de las grandes cadenas (des)informativas, para captar la rebeldía de un sector de la juventud, desencantada con la actividad política. Por ejemplo, en Tucumán, su candidato es Ricardo Bussi, hijo del genocida Antonio Domingo Bussi, que gobernó esa provincia durante la dictadura militar y fue responsable de la desaparición, tortura y ejecuciones de miles de personas. Milei fue además, asesor de Bussi padre en la Convención Constituyente de 1994, y también en su gobernación en Tucumán entre 1995 – 1999. O sea, hace 30 años que viene lucrando en la política.

            En materia económica es un liberal, por eso su admiración por el gobierno de Carlos Menem y Domingo Cavallo; pero conservador de derecha y fascista respecto a derechos humanos, el feminismo, la diversidad sexual, los pueblos originarios, etc.

            Su compañera de bancada y candidata a vice, Victoria Villarruel, es una negacionista de los delitos de lesa humanidad y el genocidio, que defiende a la dictadura militar-cívica.

            La flagrante contradicción es que por un lado simula arremeter contra “la casta”, acusando a la dirigencia (los demás, obvio) de “chorros” y corruptos, pero defiende la década menemista, donde se remataron las empresas públicas y la corrupción fue el signo distintivo de ese gobierno. Menem mismo fue enjuiciado y condenado en varias causas, incluso fue detenido (en prisión domiciliaria).

            Milei y Bussi hijo, se opusieron a la ley de interrupción legal del embarazo (ILE), demostrando la falsedad de su ideario “libertario”.

            Su propuesta educativa es de terror: quiere eliminar la obligatoriedad de la escuela pública, tanto primaria como secundaria, atrasando más de un siglo. Su argumento lo dio en una entrevista con Radio Mitre: “¿Vos querés obligar a un ser humano a que haga algo? No les está yendo muy bien con la obligatoriedad porque la gente va dejando en el camino. El sistema de la obligación no funciona”.

            Entonces propone repartir “vouchers” o cupones para elegir entre ir a una escuela pública o una privada, y así evitar el “adoctrinamiento” del Estado (ver nota aparte). Esa idea es del economista monetarista Milton Friedman, que quería suprimir el “socialismo” que según él ¡era el sistema educativo norteamericano!

            Según Milei, las escuelas tendrían más o menos cupones conforme la matrícula, en una competencia que dejaría en peores condiciones a las escuelas con menores recursos educativos, de infraestructura, etc. Era el régimen que regía en Chile, impuesto por la dictadura de Pinochet y contra el cual se rebelaron miles de estudiantes en 2019, en un cuestionamiento al gobierno de derecha de Sebastián Piñera.

            Milei se muestra como un ignorante de nuestra historia, que con dirigentes de diferente pensamiento, como Belgrano y Sarmiento, hasta Irigoyen y Perón, impulsaron la educación pública, para democratizar la enseñanza y permitir el acceso de las infancias de los sectores populares. Es una nueva coincidencia con el ex presidente Macri, cuando se refirió a “caer en la escuela pública”.

            Otra de sus propuestas, que causó revuelo, es la “dolarización” de la economía; esto es, suprimir nuestra moneda nacional y sustituirla por el dólar. Es una renuncia a nuestra soberanía, porque la política monetaria estaría sujeta a lo que establece Estados Unidos. La dependencia al palo.

            Lamentablemente, hay sectores que se muestran favorables, con ignorancia sobre las implicancias de semejante medida, creyendo que cobrar en dólares nos llevaría a estar mejor, ante la dura realidad que se vive, con una inflación galopante que corroe los ingresos populares. Las constantes corridas cambiarias y las subas del dólar paralelo, incentivan esa creencia, falsa por donde se la mire.

            En un país con faltante de dólares, los especialistas calculan que haría falta una base de 45.000 millones de dólares para adoptar el dólar como moneda de uso corriente. ¿Quién los pondría? ¿El FMI? ¿Otro préstamo más para pagar con ajuste?

            En una hipotética dolarización de la economía, la devaluación del peso sería tremenda: los economistas calculan que el dólar podría ser de 2.700, 7.000 y hasta 10.000 pesos. Entonces, quien perciba un salario de 200.000 pesos, estaría cobrando 75 dólares en el mejor de los casos, y 20 dólares en el peor.

            Las experiencias de Ecuador y El Salvador demuestran el desastre que fue y es la dolarización para la población.

            Que un tipo como Milei tenga chances en la carrera hacia la presidencia, muestra el deterioro de la política. El avance de las ideas de derecha es un fenómeno no sólo local y tiene que ver con el fracaso de las opciones progresistas, que se fueron aggiornando a ese discurso.

            La salida no vendrá por derecha. Hay que producir cambios profundos, revolucionarios, por izquierda, en un sentido antiimperialista y popular.

IRINA SANTESTEBAN

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