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Congreso de Tucumán declaró la Independencia el 9 de julio de 1816

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En 1816, España se había liberado de los franceses, el rey Fernando VII había vuelto al trono y se disponía a recuperar los territorios americanos que estaban en manos de los patriotas. Los ejércitos realistas comenzaron a avanzar victoriosos por toda la región derrotando a una parte de los movimientos independentistas americanos.

En ese contexto, las Provincias Unidas resolvieron llamar a un Congreso en Tucumán, para decidir qué hacer. Los españoles amenazaban Salta y Jujuy y eran apenas contenidos por las milicias de Martín Miguel de Güemes que además debía afrontar disputas internas y enfrentar a José Rondeau, quien en esos momentos tenía la jefatura del Ejército del Norte de las Provincias Unidas del Río de la Plata, y pretendía desarmarlo para evitar que surgieran jefes de regiones al estilo de Gervasio Artigas.

Las sesiones se iniciaron el 24 de marzo de 1816 con la presencia de representantes de lo que hoy son las provincias argentinas menos Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe, que en esos momentos integraban la Liga de los Pueblos Libres junto con la Banda Oriental, bajo el mando de Artigas. Los seis años transcurridos desde mayo de 1810 significaron un gran esfuerzo para los sectores populares que integraban mayoritariamente los ejércitos independentistas y por el otro lado, los comerciantes y sectores vinculados a la ganadería afianzaban su poder económico y, en algunos casos como en Salta no sólo retaceaban la colaboración a Güemes, sino que conspiraban abiertamente en su contra.

Los pueblos originarios tuvieron gran participación, reconocida por el General San Martín y propiciada e impulsada por patriotas como Juan José Castelli, que a través de lo que llamó la Proclama de Tihuanaco (1811) reconocía la igualdad entre indígenas y criollos en todos los derechos.

El 6 de julio de 1816, en una sesión secreta, Manuel Belgrano, que había sido invitado al Congreso para informar sobre las formas de gobierno en Europa, propuso una monarquía constitucional con un heredero de la dinastía de los Incas a la cabeza. Sus enemigos políticos hacían circular una falsa afirmación acusándolo de haber negociado en privado con los congresales para crear una monarquía al servicio de los Reyes de Portugal.

Mientras tanto, San Martín exigía desde Cuyo la inmediata declaración de Independencia, requisito indispensable para su plan de iniciar una ofensiva militar en gran escala en América del Sur.

El 9 de julio los diputados del Congreso reunidos en Tucumán comienzan a sesionar bajo la presidencia de Francisco Narciso Laprida, representante de San Juan. A propuesta del diputado por Jujuy los congresales abordan el proyecto de libertad e independencia, y ese mismo día firman la Declaración de Independencia, que expresa la voluntad de “investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli”. Recién el 19 de julio, en sesión secreta, los diputados amplían un párrafo del Acta de la Independencia agregando al anterior la frase “y de toda otra dominación extranjera” por propuesta de Pedro Medrano, de Buenos Aires. Las copias del Acta son enviadas a todas las provincias con traducción en quechua y aymara, las lenguas originarias de mayor alcance en el Norte del país.

La Declaración de Independencia, converge así con la organización final del plan de guerra de San Martín quien al mando del Ejército de los Andes liberaría a nuestro país de la dominación española y también a Chile donde vence a los realistas en Chacabuco y Maipú (1817 y 1818). El 28 de julio de 1821, San Martín proclama la independencia de Perú que es luego consolidada por el otro Libertador: Simón Bolivar.

Esa primera Independencia fue lograda gracias a la entrega de vidas y bienes de miles de hombres y mujeres de nuestra Patria Grande y la claridad política y estratégica de hombres de la talla de San Martín, Bolívar, Belgrano, Güemes y mujeres como Juana Azurduy, Macacha Güemes y Manuela Sáenz entre otras.

La crisis política, económica y social que vive nuestro país señala un rumbo necesario para superarla: una Segunda Independencia que trascienda los discursos hipócritas de los gobernantes que desfilan frente a la Casa Histórica de Tucumán, mientras entregan el país a la dominación extranjera. No podemos hablar de independencia si tenemos al FMI cogobernando y fijando el rumbo económico del país: determinando el déficit fiscal, la emisión monetaria, el gasto público y el valor del dólar. No hay independencia si existe una base de la Real Fuerza Aérea de Inglaterra en Monte Agradable en las Islas Malvinas que son y serán argentinas aunque el Reino Unido no lo reconozca. Y menos aún si se autoriza la instalación de una base yanqui en Neuquén y se continúa cediendo la soberanía sobre el Río Paraná.

ELENA RIVERO

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