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Techint, un monopolio que siempre gana

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            En junio del año pasado, Cristina Fernández de Kirchner cuestionó a Techint por fabricar en Brasil los caños para el Gasoducto Néstor Kirchner. La ex presidenta conminó discursivamente a la multinacional a que “pongan la línea de producción de chapa en la Argentina. Si han ganado fortunas”.

            El comentario de CFK -que no pasó de eso, un comentario- revela el poder de la multinacional y la lógica que impera en un monopolio de ese tipo.

            Techint acababa de ganar la licitación para fabricar los caños con los que se construiría el gasoducto aludido. Se supo que la empresa recibiría 500 millones de dólares del Estado argentino (sí, de tu plata) de los cuales 200 se iban a enviar a Brasil donde se construirían los caños.

            Poco tiempo después Techint ganaría también la licitación para construir varios tramos del gasoducto, en este caso a través de la figura de una Unión Transitoria de Empresas (UTE) junto a Sacde. El dueño de esta última es Marcelo Mindlin, amigo del ex presidente Macri y socio de Joe Lewis en Pampa Energía (lo de “amigos” es una forma de decir, en estos espacios significa algo parecido a “socios”).

            Según plantea el gobierno, la construcción del gasoducto impactará en una mayor autonomía del país en cuanto a la provisión de gas… sin embargo, los beneficios de la construcción van para multinacionales que sacan dólares del país. Esto se ve facilitado por la normativa particular para las empresas que extraen en Vaca Muerta, ya que tienen un porcentaje de billetes verdes libres del cepo y disponibles para ser girados afuera. Y esto sin contar las consecuencias ambientales y sociales de la extracción de hidrocarburos en esa región, o sea el fracking, algo que a la lógica del lucro le resulta irrelevante.

            Techint aparece en la explotación de Vaca Muerta a través de Tecpetrol. Y a pesar de los beneficios mencionados, quiere más. Su directivo Ricardo Ferreiro reclamó “seguridad jurídica” (eufemismo que significa que quieren leyes que los dejen explotar sin trabas y despedir sin costo), menos regulaciones (o sea, contaminar, no pagar impuestos, etc.) y “libre disponibilidad” de divisas (poder llevarse todos los dólares a la primera de cambio). Paolo Rocca es uno de los popes de la Asamblea Empresaria Argentina (AEA) que elaboró un pliego de exigencias públicas al actual y al futuro gobierno.

            El caso de Techint pone de relieve el papel del capital ligado a intereses transnacionales sobre la economía y la política de un país dependiente.

            Buena parte de su poder se consolidó con las privatizaciones menemistas, donde el pulpo que encabeza Rocca se hizo del control de la siderúrgica SOMISA, creada en el primer gobierno de Perón, abonando una pequeña parte de su valor de mercado y despidiendo 8.000 empleados a través de María Julia Alsogaray y Jorge Triaca, los interventores-liquidadores.

            Antes se había expandido de la mano de la dictadura, donde obtuvo jugosos contratos del intendente de facto Osvaldo Cacciatore y quien regía brutalmente la provincia de Buenos Aires, el general Ibérico Saint-Jean.

            Pero los años siguientes continuaron beneficiando a Rocca, que revista siempre en el podio de los más ricos en Argentina según el listado de Forbes.

            Techint fue la segunda empresa que más contratos obtuvo durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, y tuvo a su cargo obras centrales del gobierno de la ciudad de Buenos Aires bajo el mando de Macri. El ministro de Economía, Axel Kicillof, declaró que había sido la empresa más beneficiada por el plan PROCREAR. Y luego, con la presidencia del millonario ingeniero, ingresó en el negocio de Vaca Muerta.

            Aunque la empresa nació en territorio argentino en los años ‘60, de nacional tiene poco y nada. Y no nos referimos al origen milanés de Paolo Rocca, su padre Agostino y el resto de la familia, sino a la filiación ubicua del capital. La elusión de impuestos llevó a que la sede central del grupo fuera primero a las Islas Caimán y luego a Luxemburgo, donde se protege a los ricos del pago de impuestos y saben mantener la discreción.

            Su capacidad no sólo la hace inmune a las camisetas de los gobernantes sino que le permite seguir creciendo en cualquier circunstancia. Así, durante la pandemia, mientras millones de personas perdían ingresos ante el necesario aislamiento, el patrimonio de Rocca creció 648 millones de dólares en un año.

            El cepo cambiario que complica la importación de bienes de capital -pero también de equipamiento científico, educativo o de salud, aunque las normas digan lo contrario- no hace mella en las compañías del grupo, como lo revelan las compras de dólares durante el gobierno de Macri, que exceden largamente lo que podría justificar la contabilidad de las mismas. Semejante “desprolijidad” queda solo en la denuncia de algún que otrx periodista y economista, por caso Horacio Rovelli, pero no se convierte en causa judicial ni se recuperan los dólares que se fugaron.

            La política tutelada por el FMI que lleva adelante el gobierno actual favorece las actividades extractivas con el pretexto de generar más dólares, aunque al mismo tiempo les ofrezca vías para sacarlos del país. Techint está entre los beneficiarios de esas políticas y tendrán el campo aún más cómodo bajo un gobierno más a la derecha, como podría ser el de Milei o de Bullrich.

            JORGE RAMÍREZ

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