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FDT y JxC son una bolsa de gatos, ajenos a necesidades populares

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Las necesidades populares están a la vista.

La Canasta Básica Total que marca la línea de pobreza, está a centavos de los 100.000 pesos para una familia tipo (99.653 pesos para ser exactos).

La disparada de precios no nació con la guerra en Ucrania promovida por Estados Unidos, la OTAN y el gobierno ucronazi. Venía de mucho antes, con manejos monopólicos y remarcaciones como las que confesó entre risas el CEO de La Anónima en la Asamblea Empresaria “Argentina”.

En mayo los precios aumentaron 5,1 por ciento y en los primeros cinco meses el 29,3, lo que preanuncia que en el año habrán escalado 70-80 por ciento.

El gobierno presume de una mentira, al propagandizar que se habrían creado 1,2 millón de empleos. Sólo 200.000 serían reales, con salarios promedios que no superan la línea de pobreza. El resto son monotributistas y precarizados que ganan aún menos y carecen de estabilidad.

Eso significa que la llamada “reactivación” del 10 por ciento del PBI en 2021 (apenas recuperó lo perdido en 2020) y los 4 puntos que se crecería este año, no serían sinónimo de un crecimiento equitativo sino de profundización de la desigualdad. Una cosa es ver la Argentina desde la torre del Sheraton Hotel, con los ojos de los monopolios de AEA. Y otra es el país real de los movimientos sociales que fueron a protestar a ese lugar y antes, el 12 de mayo, habían realizado una gigantesca Marcha Federal.

Esos sectores populares, los más sufridos, repitieron su marcha al ministerio de Desarrollo Social el 9 de junio “por trabajo y por salarios, contra el hambre y la pobreza”, sin ser recibidos por el ministro Juan Zabaleta.

No los recibe porque no tiene ninguna respuesta positiva. No hay trabajo digno en puerta ni mejores salarios. Seguirán el hambre y la pobreza, más ahora que se viene la segunda revisión trimestral del FMI y sus condiciones de ajuste serán más estrictas.

Los planes “de trabajo” a crear son los mismos que detalló Kulfas en su renuncia: los de petroleras y gasíferas a base de concesiones en divisas, reintegros y baja de impuestos y retenciones, los pactados con el Consejo Argentino Agroindustrial para sus exportaciones, con las patronales rurales, la industria automotriz y algunas más.

El gobierno no recibe a los piqueteros y movimientos sociales. Pero acude al instante a las citas con los monopolios en el Sheraton o los recibe en Olivos y Casa de Gobierno. A Paolo Rocca no lo hacen esperar (ver editorial).

BOLSA DE GATOS

Que el gobierno del FDT es una bolsa de gatos, no caben dudas luego de los puteríos entre Alberto y Cristina, y sus respectivos funcionarios. El último episodio fue la renuncia de Kulfas. Y vendrán más, en la medida que crezca la bronca popular con un gobierno que hace las cosas muy mal en muchos rubros. Se van ministros y entran otros como Daniel Scioli y Agustín Rossi, en tanto Sergio Massa trama su avance por sobre sus socios porque quiere ser presidenciable con el voto de la Embassy.

Esas disputas no nos generan ninguna esperanza. El PL en cambio ve positiva la diferenciación que antes supuso Soberanos y ahora Encuentro Patriótico. Ojalá profundicen sus diferencias con el gobierno y sean parte de una movida antiimperialista opositora.

La oposición derechosa también se está matando. Tanto a nivel de Juntos por el Cambio, donde la pelea es entre los del PRO con los radicales Gerardo Morales y Facundo Manes, indignados porque Macri condenó al populista fundador de la UCR, Hipólito Yrigoyen. También hay fuerte pelea en cada uno de los socios porque en el PRO se están sacando los ojos Macri y Bullrich con Larreta, y los radicales no pueden siquiera unificar un bloque en Diputados.

Lo importante es denunciar que en medio de esta pelea en la oposición ven la luz algunos proyectos que demuestran su intención de arrasar con las pocas conquistas que quedan. Por ejemplo, Macri dijo que en un nuevo gobierno deben ir mucho más rápido en el ajuste que entre 2015 y 2019. Bullrich planteó quitar los planes sociales a los pobres, además de tener listos 3.000 decretos y leyes que empiezan con el “deróguese” tal o cual conquista actual. Su proyecto de economía “bimonetaria” no difiere tanto de la “dolarización” que plantea el fascista Javier Milei, al que también se le incendia el rancho por disputas internas.

El gobierno actual es muy flojo y concesivo con los monopolios. Pero Juntos por el Cambio es peor. Es el vocero de esos monopolios, como se vio en su rechazo al proyecto de impuesto a la renta inesperada, que apenas afectaría al 1 por ciento de las empresas, que ganaron más de mil millones de pesos en 2022. Los CEOs de esos monopolios rechazan ese impuesto y la oposición le hace el coro, en el Congreso, varias gobernaciones, incluyendo Córdoba y Santa Fe; y los medios concentrados. Estos tipos quieren la reforma laboral, previsional e impositiva, un ajuste total.

La solución popular no pasa por defender a un gobierno claudicante frente a una oposición que viene tocando a degüello. Pasa por luchar a favor de medidas como el no pago de la deuda externa, nacionalización de la banca y el comercio exterior, incluyendo puertos y controles del Estado sobre el Paraná, una reforma tributaria progresiva, la estatización energética y un control férreo sobre los 200 formadores de precios.

Sólo con una política antimonopolista, en medio de esta crisis y las más graves que se avecinan, se puede lograr “que la tortilla se vuelva, que los pobres coman pan y los ricos mierda, mierda”.

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