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El gobierno del Frente de Todos ha claudicado

   Sergio Massa es la tercera pata del gobierno del Frente de Todos, aunque la primera en caminar hacia la Embajada de EE UU y volver con todos los encargos. Tenía cierta lógica que jugara el rol de capitán del equipo gubernamental que negociaba con los diputados de Cambiemos para llegar a un texto unificado del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

   El líder del Frente Renovador tuvo que trabajar bastante. Medio en serio y medio en broma comentó que la letra de ese proyecto tuvo que ser cambiada 27 veces, antes de llegar a la coincidencia total con los líderes del PRO, UCR y CC. El okey del oficialista Germán Martínez se descontaba.

   Y así los massistas, albertistas y cambiemitas lograron el despacho favorable de las dos comisiones (Economía y Presupuesto). Y comenzaron su tratamiento en el plenario el jueves 10, con el número justo de 129 presentes. Algunos ex centroizquierdistas como Carlos Heller, titular de una de esas comisiones, fue un activo promotor del proyecto, al que dijo que iba a votar “tapándose la nariz”. El presidente del Banco Credicoop respiraba normalmente cuando se votó a las 3 de la mañana del día siguiente, resultando aprobado por 202 votos contra 37 negativos (positivos en nuestra valoración política), 13 abstenciones y 4 macristas ausentes, entre ellos el very repelente Fernando Iglesias.

   De Massa se pueden decir muchas cosas. Sin embargo, hay que admitir que fue de los pocos oficialistas que dio la cara y empujó el proyecto frentetodista, del FMI y la embajada de USA a la que se reporta. En cambio, el ministro de Economía, Martín Guzmán, estaba en Houston prometiendo más negocios a las trasnacionales petroleras. Alberto Fernández monitoreaba desde la Rosada y Olivos, sin aparecer. Kirchner mantuvo su silencio hasta casi el filo de inicio de la votación y votó por el No. Cristina Fernández de Kirchner tampoco dejaba saber su opinión; el jueves estaba en sus oficinas del Senado, que recibió algunas pedradas.

   El gobierno defendía una causa injusta, como es este 22° acuerdo entre Argentina y el FMI. Y su victoria fue en el fondo una derrota, o sea una victoria pírrica. Además del contenido negativo del acuerdo pesó la falta de liderazgo de un gobierno que venía malherido por la derrota en las PASO y las legislativas del año pasado. Y eso influyó en la tropa propia, cuyo ánimo decayó, y en los adversarios, que se sintieron victoriosos y redoblaron su apuesta. Eso ocurrió con Cambiemos, el ganador del viernes.

VICTORIA MACRISTA, RADICAL Y LILITA

   El gobierno pudo presumir poco a la hora del balance de la votación del viernes 11. Apenas decir que el acuerdo con el Fondo habría evitado caer en “default”. Esto es relativo porque no es el FMI quien declara a un país en default sino “los mercados” o sea el capital financiero internacional en toda su dimensión. Suponiendo que ese crac no se produzca debido al acuerdo a punto de firmarse, a lo sumo esa posibilidad se posterga un trimestre. Si en ese lapso la revisión fondomonetarista aplazara al gobierno por no haber cumplido algunas metas, entonces se verificaría eso de “pan para hoy y hambre para mañana”. Haber ganado tiempo, de tres meses, o seis o un año o dos, es sólo prolongar la agonía, por las condiciones de ajuste y mayor endeudamiento de esta refinanciación por 45.000 millones de dólares y debiendo pagar otros 13.297 millones de dólares, según CIFRA-CTA.

   La otra cosa que reivindicaba el  oficialismo es que esta negociación con el FMI pasó por el Congreso, en vez de limitarse a una firma del presidente y el ministro de Economía, como sucedió en 2018. Otra media verdad. Lo que se trató en Diputados fue un proyecto muy cambiante. Las exigencias de Cambiemos lograron -con el aval de Massa y el presidente Fernández – extirpar las partes polémicas de los dos Memorando, el Económico y Social, y el Técnico. Estos eran artículos del proyecto y planteaban las metas acordadas con los representantes de Kristalina Georgieva. Fueron extirpados.

   Cambiemos solamente dio aval al artículo 1, autorizando al gobierno a tomar un nuevo empréstito para renegociar la deuda de 2018, que se habría tomado “en apoyo presupuestario”. Una falsedad macrista total. Los informes del Banco Central publicados en mayo de 2020 documentaron que la mayor parte de ese crédito sirvió para fugar capitales por parte de bancos y empresarios evasores. Macri y sus abogados tienen ahora un arma formidable en su defensa en el remoto caso que haya un juicio en su contra por el fraudulento endeudamiento.   Es que el gobierno actual y la oposición coincidieron en que ese crédito fue usado en “apoyo presupuestario”. No en la fuga de capitales, ni en favorecer a empresarios amigos y a fondos de inversión que querían huir, ni para la reelección del amigo de Donald Trump.

   Las bancadas opositoras lideradas por Mario Negri, Cristian Ritondo y otros se presentan como grandes vencedores de las jornadas en comisiones y plenario. Dicen: logramos votar el acuerdo que “nos salvó del default”. Pusimos 111 votos, contra sólo 77 que aportó el FdT. Fuimos el aporte más importante.

  Para esa derecha reaccionaria e históricamente fondomonetarista (a diferencia de muchos del FdT, más recientes en esa reconversión ideológica), el logro mayor es que al borrar del proyecto a los dos Memorandos, Cambiemos puede despegarse del plan de ajuste. La responsabilidad total caerá sobre el gobierno de los dos Fernández y Massa. O de los que queden “aguantando los trapos”, porque habrá más divisiones internas y movimientos centrífugos dentro de una coalición capituladora. No es el Frente de Todos sino el Frente de Algunos. En el Memorando aceptó revisiones semestrales, trimestrales, mensuales, semanales y hasta diarios, del FMI. Ni en los 17 casos que trata la ONU en el Subcomité Especial de Descolonización se vio una dependencia tan asquerosa.

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