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Fuera la fuerza armada internacional de Haití

            El 2 de octubre pasado el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas acordó enviar una fuerza armada internacional a ocupar Haití, supuestamente para “ayudar” a controlar a las pandillas armadas que operan impunemente en ese país. La solicitud la había hecho el primer ministro de hecho, Ariel Henry, en ese cargo tras el asesinato del presidente haitiano Juvenal Moïse en julio de 2021. La situación de ese gobierno actual, como de los anteriores en Haití, es altamente irregular y antidemocrático, al punto que tiene paralizado el poder legislativo por finalización de mandatos.

            La fuerza internacional sería integrado por militares de Kenia, y de algunos otros países, y recién llegaría a Puerto Príncipe en enero de 2024.  La propuesta de la ONU fue aprobada con trece votos a favor y contó con el respaldo de Estados Unidos, pero con la abstención de Rusia y China. El embajador de China ante la ONU, Zhang Jun, dijo: “Sin un gobierno legítimo, eficaz y responsable, cualquier apoyo externo difícilmente puede tener efectos duraderos; lamentablemente, la resolución que se acaba de aprobar no envía la señal más firme en este sentido”.

            Haití ha sufrido intervenciones militares de EEUU entre 1915 y 1934, y luego invasiones camufladas como de la ONU, pero manejadas por Washington, como la de la MINUSTAH entre 2004 y 2017. En el medio hubo mucha represión y abundantes negocios, sobre todo de mineras yanquis y canadienses como Belfond, Unigold y Majescor, golpes de Estado como el sufrido por el presidente Aristide, etc. Incluso las tropas extranjeras provocaron no sólo masacres sino también propagaron la epidemia de cólera, donde la principal ayuda recibida por Haití vino de Cuba socialista. Además hubo muchos casos de violaciones y abusos sexuales, incluso contra niños haitianos, por parte de esos “Cascos Azules”.

            EEUU dijo que pondría 200 millones de dólares para el apoyo a esa fuerza armada internacional. Mejor sería que ese dinero ayudara a los haitianos, donde el 60 por ciento de los 11 millones de habitantes viven en una pobreza extrema. Y eso por culpa precisamente del imperialismo yanqui y sus vasallos locales, como es hoy Henry. Justamente en 2022 hubo grandes movilizaciones populares contra ese gobierno, ante la duplicación del precio de los combustibles. La misión militar patrocinada por Joe Biden viene a frenar esas luchas y sostener a su virrey.

EEUU y la OTAN quieren seguir la guerra de Ucrania

            Ese es su objetivo con tal de agredir y desgastar a Rusia en forma directa, y abrir nuevos frentes militares hacia el Este, en dirección a China, aunque la suerte de las armas en la guerra de Ucrania le sea esquiva al gobierno títere de Volodimir Zelenski. No les importa, quieren prolongar la guerra con ese objetivo político y estratégico.

            “La mayoría de las guerras duran más de lo que se espera cuando comienzan. Por lo tanto, debemos prepararnos para una larga guerra en Ucrania”, dijo Jens Stoltenberg, el secretario de la OTAN. El presidente saliente del Estado Mayor Conjunto yanqui, Mark Milley, declaró a la CNN: “llevará un tiempo considerable expulsar militarmente a las 200.000 o más tropas rusas de la Ucrania ocupada por Rusia”.

            En junio pasado las fuerzas ucranianas emprendieron una propagandizada “contraofensiva” pero que hasta el momento no han podido perforar las tres líneas de defensa de Rusia. Han recuperado una insignificante porción del territorio perdido, sólo el 0,25 por ciento del territorio ocupado por los rusos en junio pasado, según The Economist. Y eso a un costo elevadísimo de bajas, que Vladimir Putin estimó en 71.000 soldados ucranianos muertos.

            Y encima los propios jerarcas del Pentágono dicen que los ucranianos en esa “contraofensiva” tienen tiempo sólo hasta comienzos de noviembre porque luego el clima del invierno los va a paralizar. Zelenski dice que sus hombres seguirán peleando aún en esa circunstancia, pero suena a una bravata tendiente a reforzar su reclamo de más dinero y sobre todo más aviones F-16, más tanques Leopard y sobre todo los misiles de largo alcance tierra-tierra, los ATACMS estadounidenses, que viajan 300 kilómetros.

            En ese sentido ha tenido más éxito que en el campo de batalla. Entre EEUU y los países de la OTAN le han prometido una “ayuda” militar y humanitaria de 100.000 millones de dólares, la mitad de los cuales aportará la administración Biden. Esto genera mucha oposición en los pueblos y trabajadores de esos imperios y países de la OTAN, teniendo en cuenta los ajustes que sufren en sus condiciones de vida y trabajo.

            E incluso a nivel de gobiernos “donantes” hay también críticas porque tanta plata en manos del gobierno ucraniano ha aumentado la corrupción, negociados y fraudes. Encima surge otro problema de financiamiento: las agresiones sionistas de Israel contra Gaza van a demandar más aporte millonario de esas potencias. Y esa es una mala noticia para Kiev.

SECRETARÍA DE RELACIONES INTERNACIONALES DEL PL

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