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Quisieron matar a Cristina

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Atentado Cristina

El atentado con una Bersa calibre 32, el jueves 1/9, contra la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, en la puerta de su domicilio, sigue revolviendo las aguas políticas. Es lógico, por la criminalidad de la acción, con cuatro detenidos y otros posibles cómplices e instigadores.

Una buena mayoría de argentinos, se puso de pie para repudiar ese hecho, por la investidura de la víctima y el aprecio que le tiene. Sin ser ella ninguna “Santa Evita”, como muchos de sus seguidores fantasean, desde aquella noche casi fatídica se expresó más el cariño de la gente por la vicepresidenta. Los organizadores del acto del viernes 2/9 en Plaza de Mayo dijeron que había 500.000 personas. Aún cuando el número real hubiera sido un poco menor, igual fue una multitud puntual y entusiasta, no por el feriado ni por los choripanes y los colectivos, como dice despectivamente la derecha. Fue porque quiso apoyar a su lideresa.

La derecha de Juntos por el Cambio y liber-fachos quiere pegarse un tiro en los testículos por esa reacción social. Ellos estaban paladeando el alegato del fiscal Diego Luciani del 22/9 contra Cristina y su pedido de condena a 12 años de cárcel por supuesta corrupción y jefa de una asociación ilícita, con inhabilitación absoluta para cargos públicos. La causa Vialidad había puesto a la derecha en clima de orgasmo y a la ofensiva política. Cristina no estaba derrotada, pero sí un poco nerviosa, como se la vio en las redes, después que Luciani dijera tantas barbaridades y le negaran ampliar su declaración.

Y de golpe esa bala que no salió de la pistola de Sabag Montiel, pero todos vieron en la tele y las redes, invirtió la situación. Mostró un atentado contra la vice y la democracia, que objetivamente se articulaba con la campaña de odio y hurras a la muerte que venían por derecha. Evidenció que CFK es querida por millones, prestos a movilizarse en su defensa.

A la derecha esa novedad le creó problemas políticos y líos internos. Los peores de todos, como siempre, fueron Patricia Bullrich del PRO y los liber-fachos Javier Milei y José Luis Espert que no repudiaron el atentado. El PRO en Diputados adhirió tarde a la muy mediocre declaración del FdT y se retiró del recinto. Si algún ingenuo esperaba un llamado de Mauricio Macri a Cristina, como dos ex presidentes, no lo hubo.

Los que se no condenaron el atentado a la vicepresidenta han quedado aislados políticamente. Esa línea divisoria es muy importante, pero hay que tener en cuenta que varios de los que, de palabra, repudiaron ese intento de magnicidio, están en el bando del tirador.

CONCESIONES AL ODIO

La mayoría de quienes se pronunciaron contra ese intento criminal lo hizo acorde a sus pensamientos. Pero Juntos por el Cambio bajó a la sesión de Diputados y discursos como el de Mario Negri, imitando a Raúl Alfonsín, fueron un mero acting. Sus pares del PRO, al retirarse, estaban más cerca del tirador que de la víctima.

El prontuario de ese sector oligárquico, en especial el de Macri y Bullrich, indica que aquello fue sólo “un gesto para la tribuna”. Las declaraciones de Horacio Rodríguez Larreta, supuestamente compungido, no borran su actitud represiva hacia los manifestantes que apoyaban a Cristina, durante los días previos, los del tiroteo judicial de Luciani. El gobierno de CABA puso vallas y policías contra esos ciudadanos favorables a Cristina. Reprimieron, golpearon y detuvieron personas. ¿Quién puede creer sus lágrimas de cocodrilo?

Hubo comunicados de entidades monopólicas como Asociación Empresaria Argentina (AEA), Unión Industrial Argentina (UIA), COPAL, Asociación de Bancos (Adeba) y hasta la Mesa de Enlace. Dijeron repudiar el atentado, aunque los sojeros no se solidarizaron con la víctima.

Hay que ser muy tonto y/o claudicante para tomar esos comunicados por válidos, como si esas organizaciones patronales tuvieran sentimientos democráticos y humanitarios. Fueron el sostén del macrismo para los cuatro años de la infamia y neoliberalismo total (2015-2019). Desde entonces presionan al gobierno para limitar sus insignificantes medidas a favor de los más humildes: tienen trabado el Ingreso Básico Universal de 15.000 pesos para indigentes y pobres.

Esos monopolios siguen su campaña por la devaluación, para un dólar único a 280 pesos. Eso, más las maniobras monopólicas de precios, disparó la inflación al 7,4 por ciento en julio y 7 en agosto. ¿Y esos monopolistas presumen de democráticos? ¿Quién se cree ese verso?

Algo parecido pasa con los comunicados del Departamento de Estado y de los legisladores del bipartidismo yanqui reenviados por Jorge Argüello, embajador argento-estadounidense.

Los que se negaron a repudiar el atentado son pésimos, como los senadores de JxC que el 8/9 no asistieron a la sesión especial. Pero entre quienes de palabra dijeron criticar el magnicidio hay unos cuantos que se hacen los buenitos y son enemigos de la democracia, el pueblo y la Nación.

El gobierno de Fernández-Fernández-Massa sigue aflojando frente a los monopolios y esa derecha, también en el caso del atentado. La declaración de Diputados era floja porque planteaba como objetivo “la paz social”, bien cuestionada por Myriam Bregman (FITU). Sí incluía una crítica “al odio” y los odiadores seriales, de la bancada de JxC, reclamaron que se sacara. Y la presidenta de la Cámara, como todo el FDT, concedió y se la amputó.

Esta es la cuestión importante de ese debate, no si Milei le dijo a Cecilia Moreau “presidente” y si la aludida le respondió “diputada”. Esas son boludeces. El gobierno, con tal de mostrar “unidad nacional” y “democracia con todos”, concedió donde la declaración alertaba a la ciudadanía sobre los odiadores que le dieron letra al tirador frustrado. La misa en Luján “Por la Paz y a Fraternidad” fue otro llamado al “amor”, la “unidad” y la “reconciliación” con los enemigos del pueblo.

Ahora, sin cerrarse esa historia del atentado, se reabre la tarea primordial: luchar contra el ajuste del gobierno y el FMI, con Sergio Massa volviendo de su gira de obsecuencia y mendicidad a EE UU, su segunda patria. O la primera.

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