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O los trabajadores ganamos la calle o seremos ajustados y derrotados

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            Con la designación de Sergio Massa como súper ministro de Economía, Producción y Agricultura, el Frente de Todxs ha profundizado el rumbo ajustador que materializó con la firma del Acuerdo con el FMI en marzo pasado. Argumentaban que era “firmar o se viene el caos”. Y resulta que con la aplicación del plan del FMI, la crisis se agudiza cada día más, golpeando duramente a los sectores populares.

            El nuevo ministro, frecuentador de la embajada yanqui, aliado de Mauricio Macri en sus primeros dos años de gobierno, representa la pata más derechosa del oficialismo. Su designación en ese ministerio ampliado va a traer más ajustes y penurias para el pueblo. Eso quedó muy claro desde su discurso de asunción, anunciando medidas para “seducir” a los grupos concentrados, además de confirmar el plan económico acordado con el FMI. Ni aumento salarial ni nuevos planes sociales ni aumentos de los ya existentes; la única medida fue el bono para jubilados y jubiladas, que es una gota de agua en un desierto: 7.000 pesos para quienes cobran la mínima y 4.000 para los que cobran dos mínimas. En el primer caso, no llegan siquiera a superar la mitad de la Canasta Básica Total (CBT), que en julio alcanzó los 105 mil pesos.

            La Unidad Piquetera realizó un acampe el 10 de agosto, pero sus justos reclamos no fueron escuchados. Hasta el sector de Juan Grabois está evaluando su salida de la alianza oficialista, una medida tardía pero que demuestra la gravedad de la crisis al interior del gobierno.

            La CGT y la CTA T, ausentes en la calle desde hace más de dos años, llamaron a movilizar el 17 de agosto. En el caso de Hugo Yasky, con la exigencia de un aumento de suma fija de 30.000 pesos, medida que no es compartida por la CGT que sólo pide reapertura de paritarias.

            Ya son varios los sindicatos que están logrando rediscutir las paritarias para readecuar los aumentos salariales a la inflación que en julio trepó al 7,4%, la más alta en 20 años, acumulando un 46,2% en lo que va del año, y un 71% interanual. Sin embargo, esas reaperturas no alcanzan. Por ejemplo, la UOM homologó la paritaria con un aumento acumulado de 65%, adelantando a agosto el 10% previsto para octubre, y un porcentaje similar en octubre y noviembre. Pero ni así se logra que el Ingreso Mínimo Global de Referencia del sector alcance el valor de la Canasta Básica Alimentaria, de 105.000 pesos. El salario mínimo de la UOM quedó fijado en 95.828 pesos (agosto), 103.416 pesos (octubre) y 110.088 pesos (noviembre).

            De esta forma, cada vez son más los trabajadores del sector formal que están por debajo de la línea de pobreza, que es lo que marca el valor de la CBT.

            El ministro se reunió el 12 de agosto con los dirigentes agrogarcas de la Mesa de Enlace, pero no ha convocado al Consejo del Salario, a pesar de que el Salario Mínimo, Vital y Móvil, alcanzará en agosto 47.850 pesos, una suma irrisoria frente a lo que necesita una familia trabajadora para subsistir. La mitad ese monto, 23.925 pesos, es lo que recibirán este mes los beneficiarios del plan Potenciar Trabajo, a quienes Massa mandó auditar a través de las Universidades Nacionales, ¡como si fuera ese el problema de la economía! Mientras los grandes productores y agroexportadores están sentados sobre los silobolsas y no liquidan esos 14.000 millones de dólares, a los más pobres se los controla como si fueran los causantes de todos los males.

            Por ello, o el movimiento obrero gana las calles para rechazar el ajuste que ya no se aguanta más, o habrá una nueva derrota que será funesta para las clases populares.

            Desde las Agrupaciones de Base Clasistas – ABC venimos planteando la necesidad de la unidad de los trabajadores con el movimiento piquetero, que está siendo la vanguardia en movilizar por las urgencias de los sectores precarizados y sin trabajo. El movimiento obrero, en cambio, viene más retrasado, y eso es por la traición de las burocracias de la mayoría de los sindicatos y las centrales obreras, dentro de las cuales la que tiene una mejor posición es la CTA Autónoma.

            La pobreza no golpea sólo a los desocupados sino también a los trabajadores registrados, y con el nuevo ministro la perspectiva es que esa situación se agrave. Por ello, es más necesario que nunca que el movimiento obrero se haga sentir en las calles, no como “apoyo” al gobierno, que ya ha ratificado un rumbo de ajuste antipopular, sino con un programa inmediato que reclame: aumento general de salarios, jubilaciones y planes sociales; un Ingreso Básico Universal de 30.000 pesos para 7 millones de personas y mantenimiento de los Potenciar Trabajo al 1.3 millón que los cobran; un estricto control de la cadena de producción y distribución de alimentos para combatir la inflación; nacionalización del comercio exterior y creación de empleo genuino a través de la obra pública y el fomento a la pequeña y mediana empresa; suspensión de los aumentos de tarifas de luz, gas y agua, con nacionalización del sector energético; nacionalización de la banca para terminar con el pago de los 5 billones de pesos por las Leliq y las altas tasas de interés que conducen a la caída de la actividad económica y a mayor inflación. Último, pero no menos importante: plata hay pero para eso hay que poner altos impuestos a los monopolios y grandes fortunas, y auditar la deuda fraudulenta y suspender los pagos al FMI y a BlackRock.

            Se dirá que esos objetivos son muy futuristas. Falso. Muchos de estos puntos ya figuraban en los programas históricos del movimiento obrero en La Falda, Huerta Grande, CGT de los Argentinos y el Sitrac-Sitram, hace 60 años. Hay que luchar por eso o resignarnos a morir de hambre y rendirnos sin dar la pelea.

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