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La “Generación Diezmada” no luchaba por renegociar la Dependencia

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Emilio Jauregui, izquierda, Víctor Hugo Paciaroni, derecha.

Emilio Jauregui, izquierda, Víctor Hugo Paciaroni, derecha.

CFK EN 2020 ACEPTÓ AL FMI Y AHORA QUIERE SER COREA DEL SUR

ERA LIBERACIÓN O DEPENDENCIA, NO MALASIA Y COREA DEL SUR

            La mayoría del Frente de Todos, menos Alberto Fernández, excluido de las invitaciones, se dio cita el 25 de mayo en la histórica Plaza, para escuchar a Cristina Fernández de Kirchner. El motivo alegado era recordar los 20 años transcurridos desde la asunción de Néstor Kirchner. Sin negar ese aspecto, el motivo central fue tratar de amalgamar un desperdigado peronismo alrededor de la “Jefa”. Y a pesar de que ella ya había hecho oído sordo dos veces en forma expresa al “operativo Clamor” de “Cristina 2023”, muchos asistentes tenían la esperanza que revisara esa negativa. O al menos, en plan B, que dijera algo concreto sobre las candidaturas. Error. Nada de eso ocurrió.

            Esas carencias no le quitan mérito al acto. Para la oposición y los críticos, no fueron más de 60.000 los asistentes. Para los K fueron muchísimos más, con el plus de un tiempo lluvioso, que requirió un aguante mayor de los mojados con tal de mostrar su cariño a la dirigente de un gobierno en crisis.  La elección de las fechas es una opción política e ideológica. La del 25 de mayo es muy buena porque coincide con la formación del primer gobierno patrio en 1810. En cambio el peronismo no hizo nada por el 1 de mayo, Día Internacional de los Trabajadores, ni por el 29 de mayo, a 54 años del Cordobazo, una preinsurrección que abrió una situación revolucionaria, para decirlo en términos leninistas. Esa rebelión con los trabajadores mecánicos y lucifuercistas al frente, dio nacimiento a la Generación del ‘70, que luchó por la Segunda y Definitiva Independencia, y por el socialismo (a secas en la nueva izquierda y con el aditamento de “nacional” en el peronismo revolucionario).

            Cristina planteó cuatro propuestas programáticas, de cara a las elecciones y para quien gobierne a partir de diciembre.

            El primer punto fue renegociar el acuerdo con el FMI porque “va a ser imposible pagarlo”. ¡Tarde piaste vicepresidenta! Cuando ese acuerdo de cogobierno se firmó en marzo de 2020, las tres patas del gobierno, ella incluida, dijeron que no contenía ajuste y era positivo. Ahora sugirió pagar pero que “en todo caso que lo aten a un porcentaje de exportaciones pero, que dejen de querer dirigir la política y clausurarnos la industrialización del país y convertirnos únicamente en proveedores de materia prima”. Aclaración: el modelo agrosojero, minero, extractivista y exportador no es sólo del FMI sino del gobierno de Frente de Todos, en especial de Fernández y Sergio Massa. CFK le adiciona algún elemento “industrialista”, en onda con Techint y otros monopolios.

            El segundo elemento propuesto fue “una alianza entre lo público y lo privado” para regular recursos estratégicos como el gas de Vaca Muerta y el litio. Esto no es nuevo. Es reafirmar el servicio del Estado para con Chevron, Panamerican, Petronas, Vista y Tecpetrol en Vaca Muerta, y también con el resto del monopolio de Paolo Rocca, al que adjudicaron la obra de construcción del “gasoducto Néstor Kirchner”, los caños y la ingeniería.

            El tercer punto fue “el pacto democrático”. La clave sería evitar la violencia política. Obvio, evitarla entre los partidos patronales, del gobierno y oposición, entre “los de arriba”. Porque para “los de abajo”, hay pistolas Taser acordadas para usar por unos y otros. Hay represión policial de gobiernos provinciales de diferente signo: en CABA, Córdoba, Salta, Río Negro, Mendoza, etc. Además la oradora estaba igualando la violencia política como si fuera siempre  repudiable. ¿Se olvidó del apotegma peronista de que, en manos del pueblo, no es violencia sino justicia?

            El cuarto aspecto fue “hay que volver a darle al país un Poder Judicial porque este se ha evaporado entre las tramoyas de una camarilla indigna”. Coincidimos y reconocemos que CFK, en su segundo gobierno, impulsó reformas positivas luego bloqueadas por la Corte Suprema. Para cambiar el Poder Judicial se necesita una reforma a la Constitución. Y el kirchnerismo nunca se lo planteó. Cuando sectores internos más avanzados lo intentaron en 2011, Cristina en persona los desautorizó y retó. Y chau reforma…

            Esos cuatro puntos programáticos confirman que su objetivo es renegociar la dependencia actual. Al criticar a los vasallos semicoloniales que no quieren definir al litio como “material estratégico” (en ese caso sería administrado por Nación), CFK expresó: “¡Pero qué vocación de colonia, hermano! ¡Qué vocación de volver a ser Potosí, ponete en la cabeza ser Malasia, ser Corea pero, no volver a ser Potosí por favor!”.

            El objetivo kirchnerista es ser Malasia o Corea del Sur, capitalistas dependientes. El segundo es decididamente anticomunista y proimperialista, con bases militares y 30.000 soldados de EE UU, más armas nucleares apuntadas a Beijing. ¿Eso quiere Cristina? No es el país liberado por el que peleaba la “Generación diezmada” de los ‘70. El discurso y la práctica de Cristina, en cambio, es la renegociación de la dependencia. Embellecerla sin romperla.

SERGIO ORTIZ

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