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Asumieron Gustavo Petro y Francia Márquez en Colombia

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             “Petro, amigo, el pueblo está contigo” coreó una multitud  de colombianos y colombianas que colmó la Plaza Bolívar de Bogotá, para presenciar la ceremonia de posesión del presidente Gustavo Petro, el 7 de agosto. Antes de tomar el juramento a la vicepresidenta, Francia Márquez, Petro solicitó a la Casa Militar traer la espada de Bolívar y la Paloma de la Paz, una escultura de Fernando Botero inspirada en la firma del Acuerdo de Paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en 2016. La espada de Bolívar recuerda al Libertador en primer lugar pero en esta ocasión también a la guerrilla Movimiento 19 de Abril (M-19) que Petro integró en su juventud. El robo de la espada fue la primera acción del M-19, y su devolución, la última acción antes de su desmovilización.

   Movilización popular, invitados especiales que representaban a los sectores más desposeídos, presidentes y delegaciones de otros países, calidez y emoción en el pueblo que ovacionó a Márquez, quien juró por sus ancestras y ancestros “hasta que la dignidad se haga costumbre”. Más allá de la emotividad, los simbolismos y la esperanza que tienen los colombianos de que mejore sustancialmente su salud, trabajo, educación, paz y seguridad. Y el nuevo presidente enfrenta y deberá dar soluciones en todos esos terrenos.

   Colombia es uno de los países más desiguales del planeta con un coeficiente de Gini de 0,523. una pobreza de 36,3% en 2021 con una proyección de más de 39% para este año, según la CEPAL. 24 millones de colombianxs sufren hambre y el 11% de los niños y niñas colombianas está desnutrido. La deuda externa, según el informe del Banco de la República de Colombia en mayo de 2022 llegó al 50,7 del PBI pues asciende a 176.085 millones de dólares. La inflación alcanzó el 9,67% en junio de este año (la cifra más alta en 20 años) que resultó de los costos y de la devaluación del tipo de cambio. Más del 50% de las tierras está en manos del 1,5 de la población. Esa situación de pobreza estructural se profundizó en los últimos 4 años durante el gobierno de Iván Duque que entregó los recursos naturales a las transnacionales, destruyó bosques y selvas. Duque instrumentó en 2018 una reforma tributaria regresiva que favoreció a grandes empresas nacionales y extranjeras, decretando por ejemplo descuentos tributarios por 2.300 millones de dólares generando un “hueco fiscal” en las finanzas públicas cercano al 9% que obviamente implicó menos atención atención y ayuda a los sectores más vulnerables.   El sector financiero pagó 1,9 % de impuestos sobre 121 billones de utilidad y las petroleras y las mineras tributaron alrededor del 6% sobre sus utilidades cuando debían pagar 33% de acuerdo a la ley. También en 2021 se entregó a transnacionales más de 30 bloques para la explotación petrolera y de gas por más de 148,5 millones de dólares. Se firmaron Tratados de Libre Comercio con Israel en 2020 y con el Reino Unido en 2022, que originaron déficit comercial, pérdida de empleos y destrucción de las fuentes de trabajo.

   Iván Duque no es el único responsable de la crisis política y socio-económica de Colombia. Sí resaltamos que fue el mandatario que mostró mayor sumisión a la estrategia de Estados Unidos para reforzar su predominio político y militar en la región. Fue su mejor aliado y discípulo para hostigar a los gobiernos de Cuba y Venezuela. En 2019, la ONU condenó el criminal bloqueo a la isla con 187 países, pero 3 votaron a favor, (Estados Unidos, Israel y Brasil) y dos se abstuvieron, Ucrania y Colombia. Fue de los primeros en reconocer a Juan Guaidó, el autoproclamado presidente de Venezuela, designado a dedo por Donald Trump. Patrocinó el “Concierto Humanitario” en la frontera colombo-venezolana, que pretendía encubrir acciones militares contra el legítimo gobierno de Nicolás Maduro. Y como corolario de su servilismo al imperio, mantuvo las 7 bases militares norteamericanas ubicadas en zonas fronterizas estratégicas.

    Tampoco es mejor la situación que deberá enfrentar Petro en DD HH, garantías individuales y seguridad. Según el Instituto de Estado para el Desarrollo y la Paz, (Indepaz) en los últimos 4 años fueron asesinados 957 luchadores sociales y defensores de los DD HH, 261 ex combatientes de las FARC y hubo 313 masacres que dejaron 1.192 víctimas, además de 220  desapariciones forzadas. El gobierno saliente desconoció el Acuerdo de Paz firmado en en 2016, entre el Estado y las FARC, y mantuvo intactas las estructuras militares y policiales. Tampoco desmanteló las fuerzas paramilitares ni convocó a la Comisión Nacional de Garantías de Seguridad.

   Sin mayoría absoluta en el Congreso, pero con un importante número de congresales, el nuevo gobierno deberá encontrar los mecanismos para políticas de Estado que le permitan revertir el sufrimiento y las penurias del pueblo. El Comité Nacional de Paro que se formó durante  las masivas  movilizaciones en todo el país, presentó el 27 de julio de 2021 varios proyectos: Ley de Renta Básica, la Reforma a la Policía, Ley de Reactivación de Pymes y generación de empleos, un Estatuto de Garantías del Derecho a la Protesta, Protección Ambiental contra el extractivismo y las actividades contaminantes, un nuevo sistema tributario que grave más a los que más tienen, y a los latifundios, poner bajo el control del Estado el régimen de jubilaciones y pensiones que hoy es mixto, y el sistema de salud que es muy deficiente. El Movimiento feminista y las diversidades, los pueblos originarios, los docentes y la cultura también han formulado sus reivindicaciones.

   Tremendo desafío para un gobierno que afirma es la hora del cambio, la igualdad, el medio ambiente, las mujeres y los más desfavorecidos. Que propone más democracia y más participación para terminar con la violencia y que  dice que si “el FMI ayuda a cambiar deuda por acción concreta contra la crisis climática tendremos una nueva economía próspera y una nueva vida para la humanidad”. Creemos que el punto central de su política debiera ser romper  con la vergonzosa sumisión al imperialismo, afianzar los lazos con la Patria Grande impulsando la unidad y formular planes económicos que no aumenten la deuda externa. Eso, para que los recursos se distribuyan para atender las necesidades del pueblo y no para pagar a los usureros internacionales. Es difícil, pero no imposible. Y si no, que mire el ejemplo de Cuba.

ELENA RIVERO

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