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9 de Julio es nuestro Día de la Independencia, No el 4 de Julio

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Un día se sabrá que la Patria fue liberada por los pobres, los indios y los negros.

José de San Martín

            Desde el 25 de Mayo de 1810, las Provincias Unidas se habían dado múltiples formas de gobierno que actuaban “en nombre del Rey Fernando VII”. Para 1816 España se había liberado de los franceses, el rey había retornado al trono y quería recuperar los territorios americanos. Su ejército comenzó a avanzar por toda la región derrotando a buena parte de los movimientos independentistas americanos. Los patriotas como San Martín y Belgrano apuraban la declaración de Independencia.

            El Congreso se reunió en Tucumán el 24 de marzo de 1816, con 32 delegados y después de largas deliberaciones, el 9 de julio firmaron la Declaración de Independencia de las Provincias Unidas con la afirmación de la voluntad de “investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli”. A lo que se agregó luego “y de toda otra dominación extranjera”.

            El Acta de la Declaración de la Independencia está precedida por una descripción del ánimo de los congresales a la hora de proclamarla: “Era universal, constante y decidido el clamor del territorio por su emancipación solemne del poder despótico de los reyes de España”. Nada que ver con las expresiones del ex presidente Macri, que en un acto oficial por el 9 de julio le expresó al corrupto rey emérito de España, Juan Carlos: “Claramente los patriotas deberían tener angustia por la decisión, querido rey, de separarse de España”. No era sólo una expresión emotiva, sino la reafirmación de una posición de clase del sector entreguista que representa Macri. De vasallaje ante los países que les permiten agrandar sus ganancias y privilegios vulnerando los derechos del pueblo, los trabajadores formales e informales y las comunidades originarias. 

            La Declaración de la Independencia convergió con el plan de la guerra de liberación ideado por San Martín para consolidarla. Los sectores populares y los más desposeídos se incorporaron a los ejércitos o a las montoneras, como en el caso de las tropas de Martín Miguel de Güemes formadas por gauchos, indígenas y pequeños propietarios de tierras. También el Ejército que cruzó los Andes, de alrededor de 5000 hombres, liderado por San Martín, estaba integrado por un 30 por ciento de esclavos que pasaron a ser libertos.

            La historiografía que responde a las clases dominantes definió a la independencia dando un protagonismo casi exclusivo a los criollos. Eso eclipsó la participación de los pueblos originarios para quienes Castelli, en la Proclama de Tihuanaco, reclamaba que “deben ser considerados con igual opción que los demás habitantes nacionales a todos los cargos, empleos, destinos, honores y distinciones por la igualdad de derechos de ciudadanos sin otra diferencia que las que presta el mérito y aptitud”.

            A 207 años de la Declaración de Independencia, vemos que los pueblos originarios siguen siendo invisibilizados en la historia oficial. Y peor aún, hostigados y reprimidos cuando luchan por sus tierras y cultura como los mapuches en el sur y ahora en el norte del país, como en Jujuy por el gobierno de Gerardo Morales.

            La Independencia declarada en 1816 no significó un cambio de la estructura social y económica del país. Los sectores oligárquicos, terratenientes y comerciales ligados a la exportación e importación mantuvieron sus privilegios; ya sin el dominio español en lo político y administrativo acrecentaron su poder y sus riquezas. Ser independiente significa para un país, vivir sin tutelaje, tomar decisiones políticas y económicas sin imposiciones de países extranjeros u organismos internacionales, en favor del pueblo, ejercer la soberanía territorial, preservar los recursos naturales, respetar y hacer cumplir los derechos humanos, sociales y económicos de todos y todas.

            La crisis política y económica que vive Argentina, el cogobierno con el FMI, la sumisión a sus exigencias y a los planes imperiales de Estados Unidos, no se solucionará con elecciones. Tenemos que luchar por la Segunda y Definitiva Independencia. Con un Frente Antiimperialista conformado por el PL y otros partidos políticos populares, por los sectores que luchan y resisten el ajuste, las comunidades originarias que defienden sus tierras y los recursos naturales y todos aquéllos que quieren una Patria libre, soberana y en definitiva socialista, en la Patria Grande Latinoamericana y el mundo.

ELENA RIVERO

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