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Ganar la calle, con reclamos y propuestas políticas antiimperialistas

   Los reclamos y movilizaciones de los trabajadores y sectores humildes vienen en aumento. Reflejan la bronca frente a los ajustes que hace el gobierno desde 2020 y sobre todo el 2021. Luego de la aprobación del acuerdo  con el FMI, que aún debe ser votado en el Senado, aquellos ajustes van a parecer leves en comparación con los que se vienen.

   El reciente aumento de los combustibles en 11,5 por ciento para naftas y la suba de tarifas, del 43-45 por ciento para la mayoría de los hogares, pegará muy duro porque realimentará una inflación que este año andará por el 55 por ciento. Y los ingresos de muchísima gente no llegará ahí sino que quedará por debajo en muchos puntos.

    Los grandes formadores de precios, los monopolios, y no sólo de la alimentación sino también los del sector energético, siderúrgico y sobre todo los bancos, saldrán gananciosos como siempre. Y por eso han dado apoyo político a lo acordado con el FMI.  Eso confirmará el perfil de país dependiente, agroexportador y  extractivista, con determinadas ramas industriales como la automotriz copadas por las trasnacionales agrupados en la cámara presidida por el CEO de Toyota.

    El pago de la fraudulenta deuda externa demandará más dólares y por eso el gobierno hará aún más concesiones a esos monopolios, exportadores y banqueros, a  ver si en vez de 70.000 millones de dólares anuales se puede exportar 90.000 millones. El grueso de lo que recaude de allí el Estado (parte menor porque la mayoría irá a cajas privadas) tiene un destino prefijado: pagar la deuda al FMI.

    Todo eso será como combustible arrojado al fuego. Habrá crisis política-social y grandes luchas en respuesta a semejante ajuste. Eso empezó a verse en la semana del tratamiento del proyecto. El jueves 10  empezó el tratamiento en Diputados y miles de manifestantes protestaban en calles adyacentes. El mérito de tamaña convocatoria pertenece a los cuatro socios del FITU, la Autoconvocatoria por la Suspensión de la Deuda, otros partidos de izquierda y movimientos sociales. ¡Hasta Cristina, en su video tras la pedrea sufrida en su despacho, la calificó de “multitudinaria convocatoria de la izquierda”.

   Esa movilización indicó que la capacidad de respuesta ante el ajuste tiene casi todos sus nervios y músculos vivos, pese a los posibilistas adheridos al gobierno que justifican todos los sapos que tragan diciendo que “la correlación de fuerzas no da”.

   El día anterior, el miércoles 9, habían concentrado allí los adherentes de la CTA Autónoma, CCC, Soberanos, Unión Popular y PTP. Y al viernes 11 llamaban Patria Para Todos y otros, que pasaron para el 17.

   Esa división a la hora de convocar al repudio al FMI tiene un costado negativo, de parcializar la protesta y en cierto modo debilitarla, pero a su vez habla de su amplitud y diversidad. Su potencialidad va a ir en aumento, a medida que el ajuste, endeudamiento, mayor inflación, retraimiento de salarios y jubilaciones, subida del dólar, encarecimiento del crédito por las tasas de interés positivas y un largo etcétera, golpeen y sangren a las ya heridas mayorías populares.

    Lo más importante de la jornada fue su masividad y el contenido político de izquierda, lo que demolió el relato frentetodista de que ese sector “es funcional a la derecha”. Falso. La realidad probó que estábamos en la calle contra el ajuste y el Fondo, en  tanto los oficialistas y macristas se unían en los discursos pro FMI y, lo más importante, a la hora de votar y sumar 202 votos. Ahí no hubo grieta. Fueron y son endeudadores y pagadores seriales.

   Una pequeña parte de los manifestantes, indignados, comenzaron a quemar basura, arrojar botellas hacia el Congreso, un par de molotov y pedradas. Quiso la casualidad o no, que varias piedras rompieran ventanas en el despacho de Cristina, quien deploró la agresión.

   El gobierno  nacional por medio de Aníbal Fernández justificó la represión policial y pidió enjuiciar a los manifestantes, igual que el gobierno de CABA de Rodríguez Larreta. Algunos oficialistas aseguraron que no eran manifestantes sino “policías encubiertos” y tenían todo calculado para agredir a la vicepresidenta.

    No es así. El PL cree que lo mejor ese día era dar la batalla política y no empezar a tirar piedras, que es la continuidad de la política por otros medios. Los detenidos no son “delincuentes”, casi terroristas, ni “servicios”. Son militantes barriales del MTR-Histórico, que hace poco fueron detenidos y golpeados en Desarrollo Social cuando protestaron porque sus merenderos sólo reciben polenta. Ahora también fueron detenidos por la Policía y linchados políticamente por un amplio espectro oficialista y opositor, incluso reformistas dizque de izquierda.  Los del MTR-H son militantes del campo popular, más allá de que no coincidamos con algunas de sus consignas y procederes. La resistencia contra el FMI también los necesita porque este nuevo crédito nos impondrá sacrificios extraordinarios.

    Aunque son diferentes, pasa algo parecido con Máximo Kirchner y La Cámpora. Como ellos y otros diputados del FdT (28) votaron en contra del acuerdo, aunque no estuvieron en la protesta, no los vamos a condenar para siempre por su pertenencia hasta ahora al gobierno. Saludamos su correcto documento público donde denunciaron el acuerdo tanto por cuestiones de fondo como por la forma amistosa y secretista como el gobierno negoció con los acreedores. Es necesario reencontrarnos en la calle con La Cámpora, más allá de nuestras diferencias, para resistir el ajuste mayor que se viene.

   El que tira una piedra antes de tiempo y rompe una vidriera, merece una crítica fraternal. El que sale de un gobierno mucho tiempo después de lo aconsejable, debe ser criticado, en mayor medida, pero dándole oportunidad de rectificar y participar de la resistencia.

   Y quienes hemos estado de la resistencia al FMI debemos reiterar que hace falta la unidad antiimperialista, en las calles y las consignas, en el programa político. No puede volver a ocurrir que unos llaman a movilizar el 9, otros el 10 y otros el 11, cuando, en la vereda del frente, los frentetodistas, los macristas y los radicales se juntan para votar unidos con el FMI.

   En esta semana se sabrá qué hace la vicepresidenta. Tiene que definirse. Una cosa son unos vidrios rotos luego de un fraude político. Y otra cosa, incomparablemente más grave, es romper el país con un pacto espurio con el capital financiero internacional, EE UU y sus socios internos del establishment (económicos, políticos, mediáticos y judiciales).

    Como ella lo puso a Alverso y pactó la coalición con Massa, tiene una gran cuota parte de responsabilidad en lo sucedido. Como mínimo, debería aprender de su hijo y empezar a desandar ese camino, haciendo autocrítica. ¿Será mucho pedirle?

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