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Ante la crisis del Frente de Todos, se precisa un Frente Antiimperialista

            El gobierno del Frente de Todos está en crisis política terminal. Finalizó la buena sintonía entre esa superestructura y sus bases políticas; ya en las elecciones de 2021 fue derrotado y perdió 4 millones de votos que habían sido suyos en 2019.

            Sobre las razones de ese desencanto no hay misterios. Desde 2020 la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner venía advirtiendo que si no se alineaban los salarios con los precios y tarifas podía venir ese futuro negativo para el gobierno.

            Lejos de modificar ese rumbo de ajuste de la administración con el ministerio de Martín Guzmán, el mismo se profundizó en marzo de 2022 con la firma del acuerdo con el FMI. En vez de investigar la deuda fraudulenta contraída por Macri, el gobierno la legalizó, renegociándola y obligándose a pagarla, con nuevos vencimientos. Eso no fue pan para hoy y hambre para mañana sino hambre hoy y hambruna mañana, porque a los pagos de intereses y sobrecargos se sumó más deuda, que deberá afrontarse desde 2024 por diez años.

            Y no sólo eso sino que el gobierno aceptó un cogobierno con la entidad, que revisa trimestralmente las cuentas públicas e impone límites al déficit fiscal, al gasto público, a los salarios y jubilaciones, a los subsidios a las tarifas, a la planta de empleados, determina las tasas de interés y las devaluaciones de nuestra moneda, alimentando la inflación.

            Eso cortó el vínculo de las masas populares con el gobierno. Y detonó las internas adentro de la administración, sobre todo entre los albertistas y cristinistas, con el astuto Sergio Massa dejándolos pelear entre ellos para aguardar su oportunidad.

            Y esa ocasión llegó en agosto, al asumir el ministerio de Economía y otras dependencias, con línea proestadounidense, promonopolios y agroexportadores.

            El presidente Fernández está groggy. No tiene apoyo, credibilidad ni fuerza propia. Ha celebrado con una módica ceremonia los tres años de gobierno diciendo que fue el único presidente, fuera de Kirchner, con el que la economía creció 3 años seguidos. Dijo que el empleo creció en 1.5 millón de puestos. No se lo cree ni él porque el PBI en 2022 aumentará 4 puntos escasos y en 2023 sólo 2, por acuerdo con Georgieva. Y de los empleos, un millón son precarios y monotributistas. ¿Qué festeja Alverso?

            Massa con el dólar soja 1 regaló 406.150 millones de pesos a los 44.000 sojeros y exportadores, y con el dólar soja 2 una suma inferior porque en vez de 8.123 millones de dólares su idea es recaudar 3.000 millones.  Todo será para reservas, como pide el FMI, y para pagar la deuda, como ordena la entidad.

            Cristina, la figura con mayor respaldo político y electoral dentro del FDT, ha decidido renunciar a toda candidatura, abrumada por una condena injusta y causas pendientes (ver nota aparte). ¿A quién señalará con su dedo poco mágico, como antes hizo con Fernández? ¿A Kicillof, que gobierna Buenos Aires teniendo como secretario de Seguridad al fascista Sergio Berni? ¿A Wado de Pedro, de buena relación con el gran empresariado, Washington e Israel? ¿A Jorge Capitanich u otro limitado gobernador de los que han empezado a trenzar con intendentes y burócratas de la CGT?

            Ninguno de esos posibles candidatos, ni siquiera eventualmente Cristina, si diera un paso atrás sobre su renuncia del 6/12, podría remontar una derrota en 2023 en la medida que se mantenga el plan de ajuste, cogobierno con el FMI y acuerdo con los monopolios y agroexportadores, una inflación cercana al 100 por ciento este año y el 60 o 70 el próximo.

Basta de aceptar el “mal menor”

            El actual gobierno es malo. Obvio que uno de Juntos por el Cambio, con Rodríguez Larreta, Bullrich o Macri u otro presidente, sería mucho peor. No es una adivinanza sino que está el antecedente de quienes mal gobernaron entre 2015 y 2019 en el país, y otro tanto en gobiernos de Buenos Aires, Corrientes, Mendoza, Jujuy y CABA, entonces y ahora.

            Y si alguien tiene alguna duda están las declaraciones y planes que esos personajes están preparando junto con sus equipos, anticipando reforma laboral, previsional e impositiva, siempre en contra de los trabajadores; más represión policial, negacionismo de los derechos humanos, más alineamiento con Estados Unidos.

            Por fuera de Juntos por el Cambio, hay fascistoides como Milei y Espert que proponen ajustes aún más criminales, aunque los juegos electorales por ahora los muestran por separado y mañana pueden terminar unidos.

            Esos riesgos actuales y futuros no se pueden conjurar con la teoría y práctica del “mal menor”. Algunos dicen “aceptemos cualquiera del FDT porque el macrismo es peor”; otros que “aceptemos Rodríguez Larreta porque Bullrich es peor”, y otros que “nos conviene cualquiera de JXC porque Milei es peor”.

            Quienes así piensan están cavando su propia tumba y en parte la nuestra también, lamentablemente, si fueran mayoría. Es que la crisis argentina no tiene solución por el lado de ningún ajuste, ni a los 100 kilómetros por hora de Massa ni a los 200 km que propone la derecha macrista.

            No es un asunto de velocidad sino de la ruta a transitar, de si vamos hacia la liberación o hacia la dependencia, si nos decidimos a confrontar con los monopolios y el FMI, o si continuamos y agravamos el cogobierno con esos poderes. Si honramos a los pobres y necesitados, o si honramos la deuda externa. Si ajustamos a los trabajadores y jubilados, o ajustamos a Techint, Arcor, Molinos, Banco Macro y Cargill. Si reprimimos a los pueblos originarios mapuche o si les sacamos sus tierras mal habidas a Joe Lewis. Si dejamos a Clarín seguir monopolizando y mintiendo, o si pluralizamos la palabra y la información. Si agachamos la cabeza serviles ante la Casa Blanca o si unimos nuestras voces con Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Colombia, México y la Patria Grande.

            El pueblo argentino tiene que pedir la palabra y hablar alto y claro, actuando en línea con San Martín y la Generación revolucionaria del ‘70.

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